Gestión del cambio personal

No se puede gestionar bien el cambio en las organizaciones si no se realiza, al mismo tiempo, una buena gestión de la propia transformación personal

Josep Burcet 

La gestión del cambio aparece como nueva área de conocimiento

 

La gestión del cambio ha surgido como disciplina diferenciada, en gran parte, a consecuencia de los fracasos registrados en muchas organizaciones, durante los últimos 30 años, al intentar adaptarse a a nuevas circunstancias o cuando trataron de asimilar las nuevas tecnologías o de recomponerse después de reestructuraciones, fusiones o absorciones.

Este nuevo cuerpo de conocimiento se ha empezado a desarrollar durante los años 90 y ahora, en el curso de la presente década, se encuentra en fase de consolidación, diseminación y adopción.

 

Aplicación a la esfera individual del conocimiento sobre gestión del cambio en las organizaciones

 

Pero el cambio no sólo afecta a las organizaciones sino también a cada una de las personas consideradas individualmente.

Las organizaciones están formadas por individuos y no se puede esperar que con acciones de estrategia organizacional se logre aumentar la flexibilidad, si los individuos que la integran no logran aumentar substancialmente su capacidad de cambio, al mismo tiempo.

 

Formas de reacción individual frente a los cambios

 

La reacción individual frente a los cambios puede adoptar distintas formas, susceptibles de ser descritas como etapas de un proceso de maduración.

La diferencia que se aprecia entre esas etapas depende de:

a) El grado de conciencia que se tiene de los cambios en curso,
b) El marco conceptual que se usa para percibir y entender la mecánica interna del cambio,
c) La destreza emocional para afrontar las emociones producidas por el cambio,
d) La percepción de la posibilidad de modificarse intencionadamente a sí mismo,
e) El desarrollo de la capacidad para llevar a cabo esa transformación personal
La gradación de las etapas se representa aquí como una serie de plataformas que van desde la más baja, donde la conciencia del cambio es muy tenue, hasta la más alta en la que los cambios se realizan con gran energía, convicción y pericia.

Una misma persona suele actuar la mayor parte de las veces desde una de esas plataformas pero en determinados temas o momentos puede actuar desde otra plataforma adyacente, sea la inmediatamente superior o la inmediatamente inferior.

También es posible que esa persona, a lo largo de su vida, se desplace hacia arriba o hacia abajo en esta escala. Si logra ir aumentando su capacidad de cambio se irá desplazando hacia las plataformas superiores. Pero si, con el paso del tiempo, se hace cada vez más rígida, frágil o huidiza frente a los cambios, irá descendiendo hasta las posiciones más bajas.

 

Plataforma 1

Conciencia difusa de la existencia del cambio personal

En la primera plataforma hay una fuerte predisposición a creer que nada cambia y se desea que todo permanezca igual, en la medida de lo posible.

A lo sumo, y como mucho, se está dispuesto a admitir que hay algunos procesos cíclicos, que siempre vuelven a empezar por el mismo sitio que la vez anterior o de una manera similar.

Cuando acontece un cambio radical, algo realmente nuevo que resulta imposible ignorar o desandar, las ideas de siempre no sirven de gran cosa para encontrar un sentido a lo que acontece. De esta manera no se acaba de entender bien lo que pasa y se asume como una fatalidad, como algo incomprensible contra lo que nada puede hacerse.

Lo más característico de esta primera plataforma es que, en la medida de lo posible, el cambio se niega, se ignora o se asume pasivamente y se sufre como una calamidad.

a) Grado de percepción de los cambios que se hallan en curso muy bajo
b) Nivel de conocimiento sobre la mecánica de los procesos de cambio muy bajo
c) Destreza emocional para manejar las emociones producidas por el cambio muy bajo
d) Percepción de la necesidad de modificarse a uno mismo muy bajo
e) Capacidad para llevar a cabo esas modificaciones muy bajo

El comportamiento está muy ritualizado y se considera que las fórmulas de actuación de eficacia probada en el pasado deben repetirse una y otra vez de la misma manera, sin que importe que las circunstancias ya no sean las mismas que antes.

En consecuencia, en esta plataforma, la destreza para afrontar cambios es muy baja.

 

Plataforma 2

Intentos de evitar cualquier tipo de cambio

Un poco más arriba, en la segunda plataforma, se adquiere algo más de más conciencia sobre los cambios que se hallan en curso, pero en la medida de lo posible, lo que se intenta fundamentalmente es evitarlos.

Si resultara imposible, algunos intentarán adaptarse y acomodarse a la nueva situación pero lo harán sin demasiada pericia y su respuesta será, sobre todo, defensiva y acomodaticia.

La actitud fatalista y resignada de «o ignorar o apechugar», que era lo más característico del nivel anterior, se transforma aquí en un comportamiento más activo que puede tomar tres formas:

evitación resistencia y obstrucción, o bien adaptación.

a) Grado de percepción de los cambios que se hallan en curso bajo
b) Nivel de conocimiento sobre la mecánica de los procesos de cambio muy bajo
c) Destreza emocional para manejar las emociones producidas por el cambio muy bajo
d) Percepción de la necesidad de modificarse a uno mismo muy bajo
e) Capacidad para llevar a cabo esas modificaciones muy bajo

En esta plataforma todavía se anhela continuar siendo lo que se era, permanecer allí donde se estaba y seguir haciendo lo que se venía haciendo anteriormente. Cuando todo eso resulta manifiestamente imposible, entonces se trata de postergar o sortear el cambio, por todos los medios.

Este tipo respuesta está muy enraizado en el acervo popular y queda perfectamente reflejado en la sentencia que reza «Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy».

Sin embargo, en el siglo XXI, la pretensión de detener el cambio es de todas formas vana. Aquellos que logran con éxito permanecer inmutables, en el mismo cúmulo de rutinas y en el marco de una misma situación, logran la ilusión de haber estabilizado su estado, pero siguen transformándose de una forma lenta e ineluctable en algo que es cada vez menos flexible, más apoltronado, deslizándose en un proceso de decadencia personal.

 

Plataforma 3

Reconocimiento y aceptación de los cambios en curso

Las personas que logran encaramarse hasta la tercera plataforma perciben los cambios en curso más fácilmente y empiezan a comprender que la vida es en realidad un proceso de cambio sin fin.

Han empezado ya a abandonar la ilusión de que todo debería permanecer tal cual está y empiezan a sospesar la idea de que se están transformando y de que, a su alrededor, todo está evolucionando constantemente.

Desde esta plataforma se empieza a entrever que nada permanece tal como estaba en el momento anterior. Incluso cuando la transformación es muy lenta o poco perceptible, se reconoce que está en marcha, que es imparable e inevitable.

a) Grado de percepción de los cambios que se hallan en curso medio
b) Nivel de conocimiento sobre la mecánica de los procesos de cambio bajo
c) Destreza emocional para manejar las emociones producidas por el cambio bajo
d) Percepción de la necesidad de modificarse a uno mismo muy bajo
e) Capacidad para llevar a cabo esas modificaciones muy bajo

Estos primeros atisbos de la conciencia del cambio no significan, sin embargo, una plena comprensión de todos los cambios en curso. Todavía se ignoran o niegan muchos y, con frecuencia, se ofrece resistencia a otros.

Con todo, se produce ahora una inflexión importante respecto a las etapas anteriores. Más allá de la mera resistencia o la negación, se empieza ahora a sentir la necesidad de saber si se puede influir sobre algunos de esos cambios y cómo debería procederse para lograrlo.

Hay por tanto tres novedades importantes en la tercera plataforma:

Se empiezan a reconocer y a aceptar algunos cambios
Se empieza a renunciar a comportamientos de resistencia y
Se empieza a experimentar la necesidad de encauzar y de aprender a manejar algunos resortes de la transformación
Llegar hasta aquí supone haber dado un paso cualitativo importante.

En la tercera plataforma, en ocasiones, el cambio puede incluso buscarse activamente. Eso es lo usual sobre todo entre personas que quieren prosperar, pero hay aquí un matiz que no debemos soslayar.

En esta plataforma, aun cuando haya cambios que se desean y se promueven activamente, no se ha extinguido todavía un anhelo fraguado en las etapas anteriores. El objetivo a largo plazo todavía tiene que ver con la construcción de una estabilidad.

Esos cambios que se buscan y se emprenden son un medio con el que se espera alcanzar una posición final de estabilidad. El propósito último es la construcción de un nicho vital en el que anidar para ponerse a salvo de los avatares de otros cambios e inclemencias ulteriores.

Se espera que, una vez alcanzada la meta de un «retiro» estable, se podrá aflojar el esfuerzo porque, a partir de aquel momento, se espera que solo serán necesarias algunas tareas de contención y mantenimiento.

El final de este proyecto de vida, es todavia la llegada a una posición de resistencia y de defensa. El cambio se admite provisionalmente, pero la mirada continua puesta en un horizonte de estabilidad que todavia es a donde se quiere llegar y en donde anhela permanecer.

Aunque persiste este residuo de las etapas anteriores, en esta plataforma aparecen los primeros intentos de dar forma al cambio y de controlar mejor sus consecuencias, así como las emociones que despierta.

Si la estrategia anterior de resistencia tenía por objeto evitar esas emociones, ahora ya no se rehuyen tanto y uno se dispone a resolver cómo las vive, las afronta y las controla.

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